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in Singapur

Perdiéndome por las calles de Singapur

  • 22 Febrero, 2016
  • By Mary Salas
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Perdiéndome por las calles de Singapur

Les contaba en el último post, que luego de dejar los miedos a un lado, gracias al apoyo de Edu y al libro de Isabel Allende, me animé a salir sola y conocer Singapur. Pues bueno, cogí un pequeño plano del metro, lo metí en mi bolsita junto a mi móvil, mi inseparable mp3, un poco de efectivo para cualquier emergencia y las llaves del dormitorio. Cerré la puerta, respiré hondo y salí.

No tenía un rumbo fijo, simplemente salí a caminar, a despojarme de mis trabas y explorar esta isla ubicada en el sureste del continente asiático. Pienso que para conocer una ciudad lo mejor es caminarla, perderse y dejarse llevar. No tener rumbo fijo puede abrumar un poco al inicio pero luego es cuestión de seguir el instinto. Cuando viajo me encanta sentarme en algún lugar y ver, observar todo a mi alrededor y sumergirme en la nueva cultura que tengo frente a mí, ver a su gente y sus costumbres.

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Singapur es un país muy ordenado, lleno de prohibiciones, limpio y seguro, sé que todos lo dicen, pero también se siente, se siente al caminar sus anchas calles, cruzar sus puentes y al andar bajo la sombra por algunos tramos que ayudan a sentir menos calor.

Lo primero que me llama la atención, es que aquí manejan del lado contrario al que estoy acostumbrada, es decir, del lado derecho, como los ingleses, por lo que sus avenidas, y los sentidos de sus calles están al revés  (o ¿al derecho?), al igual que en sus estaciones de metro, donde los que optan por quedarse parados en las escaleras mecánicas van al lado izquierdo y si quieres ir más rápido vas por el derecho, al inicio me resultó un poco confuso, fue como hacer todo al revés de lo que estoy acostumbrada a hacer.

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Al llegar a la estación del metro me dí con la sorpresa que todo estaba en cuatro idiomas, aunque predomina el inglés; en la parte inferior de algunas de sus señaléticas se lee el mandarín (China), el malayo (Malasia) y el tamil (India). Me acerqué a la ventanilla y pregunté al que atendía por la mejor opción para viajar en metro con el austero inglés que manejo, de pronto empecé a escuchar una mezcla de idiomas que poco entendía. ¡Vaya! Iba a ser más difícil de lo que me imaginaba. Fue así que investigando, me di con la sorpresa que no era la única que no entiende a los singapurenses al inicio, ya que ellos utilizan el Singlish, la versión singapurense del inglés, que mezcla algunas palabras de los otros idiomas con el inglés, aunque claro, no todos, pero algunos sí.

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En esta país se percibe el orden en todas sus dimensiones. Por ejemplo, para subir al metro la gente arma sus filas a los laterales, siguiendo las flechas rojas, ordenadamente, todos se ubican ahí y esperan pacientemente a que los que descienden del metro salgan en línea recta siguiendo la flecha verde e inmediatamente después entran ellos. Es increíble como el orden y la organización puede cambiar tanto un país, haciendo que el respeto por el otro se vuelva el eje principal de este gran engranaje llamado sociedad. Si vas a cruzar la pista y ves un tumulto de gente frente a ti, que viene en sentido contrario, quizás en otra ciudad como NYC o Sao Paulo termines girando sobre tu propio eje porque la masa humana te empieza a llevar con ellos, pero aquí en Singapur, es sorprendente; como si estuvieras rodeado de una especie de burbuja transparente que increíble y mágicamente impide que alguien choque contra ti y hasta inclusive tienes espacio alrededor tuyo.

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Ese día me perdí por el centro empresarial, caminé por sus avenidas que son una especie de pasarela, no sólo por los inmensos edificios que están uno tras otro y marcan el camino, sino porque aquí la moda es importante; a la mayoría de las chicas en este país les encanta la moda. Combinan zapatos, carteras y vestidos desde los más clásicos como sus quimonos hasta los más modernos como diminutos vestidos que saben lucir de una manera elegante. No se llega a percibir como el país que tiene como segunda religión al islam, luego del budismo.

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Luego de andar por horas caminando, perdiéndome y disfrutando, los aromas cautivantes de la comida asiática empezaron a alertarme que era hora de comer. Empecé a buscar con el olfato el lugar de donde provenían estos olores, cuando de pronto me vi parada frente al Old Airport Road Food Centre, entré y me encontré cara a cara con los famosos “food court” asiáticos. Un inmenso patio de comida con cientos de puestos diseminados a lo largo y ancho de este gigantesco espacio. No miento al decir, que al principio dudé si comer aquí o no, ya he tenido problemas de salud por comer en cualquier sitio en mis viajes, pero sabía por las investigaciones que hice, que estos espacios son en algunos casos, los mejores para probar la diversidad de la comida asiática, donde familias han ido pasando las recetas durante décadas, cautivando paladares de todos los comensales y a precios realmente baratos.

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Caminé por este inmenso patio de comidas mientras cruzaba los ojos con algunos de los que atendían, una señora amablemente se me acercó y empezó a explicarme en chino con la carta en mano los platos que ofrecía, asentí y pedí un plato de pollo con arroz. Tomé asiento en una de las mesas que habían libres y esperé a que llegue mi pedido, cuando probé el primer bocado caí rendida, qué sabores tan impresionantes! Por uno de los platos más exquisitos que he probado, pagué tan sólo 3.5 dólares singapurenses (2.50 dólares americanos). Si piensan que Singapur es caro, yo digo, depende. Depende dónde uno se desenvuelva.

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Para terminar mi día fui al Marina Bay, donde esperé a que A. me dé alcance saliendo de sus clases,  subimos a la terraza del Marina Bay Sands, uno de los destinos más visitados del mundo, principalmente por su increíble arquitectura y su espléndida piscina infinita de 150 metros de largo, situada en el último piso.

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El complejo turístico incluye un casino, un teatro, siete restaurantes, un centro comercial, el hotel de 2.560 habitaciones y un museo en forma de flor de loto. Una pequeña demostración de lo rico que puede ser este país. La vista desde su terraza es magnífica.

Así fue como terminé mi primer día de descubrimiento por esta supersónica ciudad que al verla desde arriba, no me deja más que el sentimiento de querer seguir descubriéndola.

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By Mary Salas, 22 Febrero, 2016 ¡Hola! Soy Mary, la que viaja, toma las fotos y escribe este blog. Aquí relato mis experiencias personales, doy muchos tips para viajar barato y uno de mis objetivos es contagiarte las ganas de viajar.
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¡Hola! Soy Mary, la chica detrás de este blog que comenzó en el 2013. Soy arquitecta de interiores, fotógrafa y escritora. ¡Bienvenido a mis viajes!
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