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Mi viaje a Israel #3 | El lugar que todo lo cura

  • 14 Noviembre, 2016
  • By Mary Salas
  • 2 Comments
Mi viaje a Israel #3 | El lugar que todo lo cura

A veces, uno tiene que tomar decisiones y por más que las analizas y las planificas con tiempo, no siempre resulta como lo planeaste y todo termina siendo prácticamente diferente a lo que pensaste. Eso nos pasó con mi mamá, tomamos la decisión de tomar un tour para conocer el Mar Muerto, pensábamos que tenía partes de difícil acceso y sólo podías bañarte en zonas específicas. Íbamos a conocer el Mar Muerto, algo que no lo habíamos ni siquiera pensado en nuestros mejores sueños y ahora iba a hacerse realidad. Cuando se habla de algunos destinos o rincones del mundo como por ejemplo el Mar Muerto, el Desierto del Sahara, la Antártica, nos imaginamos que son lugares muy difíciles de acceder, casi imposible de soñar con ellos, quizás por lo lejos que quedan de donde vivimos o porque se nos hacen muy exóticos y pocas veces nos planteamos hacer un viaje para conocerlos.

Llevábamos días viajando, la mochila poco a poco se empezaba a sentir más pesada al tener que moverme con ella por los trenes, y caminos, a pesar que el peso seguía siendo el mismo que el primer día. De igual manera la veía a mi mamá, poco a poco el cansancio la iba ganando. Fue así que tomamos la decisión de que un tour iba a ser lo mejor… pero no fue así.

Nos pasaron a recoger muy temprano del Hotel en Jerusalén donde pasamos al noche. Cuando subimos al bus le indicamos si era factible terminando el tour que nos dejen en el hotel del Mar Muerto donde pasaríamos la noche y la respuesta fue un simple y rotundo NO. Mi mamá y yo esperamos un poco más de explicación pero nunca llegó. El señor se limitó a decirnos que en la siguiente parada coordinaría con otro de sus compañeros.

Así fue, nos bajamos del bus, mientras que ellos dos conversaban en hebreo a la velocidad del rayo, voltearon y nos dijeron, y ¿por qué han tomado este tour si estarán hospedadas frente al Mar Muerto? Nuestra cara se empezó a tornar pálida y le dijimos: -Porque nos lo recomendó el tour operador – se miraron, levantaron los hombros y volvieron a conversar entre ellos. Terminamos con un simple…It’s Ok! A lo que les respondí – It’s Ok, what? No respondieron nada y subieron nuestras cosas al otro bus y nos apuraron en subir. La preocupación nos empezó a ganar y yo empecé a lamentarme haber contactado a ese señor que me juró por teléfono que tendríamos una experiencia hermosa en el Mar Muerto.

Empezamos a recorrer la carretera, el paisaje se empezaba a poner árido, mientras que bajamos por las pistas que serpenteaban y no parábamos de bajar por la carretera. Por altavoz el conductor-guía explicaba a todos que el Mar Muerto se encontraba en una profunda depresión a 416,5m bajo el nivel del mar. A lo lejos, en el horizonte, se empezaba a ver una pequeña línea de color turquesa, nos estábamos acercando.

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Mi mamá se paró a averiguar cómo quedaríamos nosotros porque teníamos muchas dudas. La amabilidad del señor desapareció en segundos y le respondió secamente – Estamos yendo primero a Masada, si quieren ir tendrán que pagar 25 dólares más – mi mamá respondió: no, porque si ellos finalmente nos habían dicho que estábamos hospedadas frente al mar y el tour era exactamente lo mismo, queríamos cambiar el tour que no íbamos a usar por ese tour de Masada que además tenía un precio menor. Su respuesta fue un rotundo NO, you have to pay more (tiene que pagar más), al ver que el señor no entraba en razón y repetía como disco malogrado lo mismo, mi mamá tomó una decisión rápidamente y le dijo que mejor nos deje en algún lugar para ir al Hotel de una vez. El señor respondió: It’s Ok, hay una parada de bus y de ahí pueden llegar a su hotel. Mi mamá regresó cabizbaja y la preocupación me empezó a embargar a mí pero no perdía la esperanza del tour operador. En plena carretera el bus frenó repentinamente y desde su asiento levantó la mano y levantando la voz dijo: ¡Come on! Haciendo un ademán a que bajemos. Nos miramos, miramos el lugar desértico y caminamos arrastrando los pies como si nos llevaran a un calabozo. Ni nos ayudó con nuestro equipaje, lo sacamos como pudimos y mientras cerraba la puerta nos dijo: Ojalá que pase algún bus porque a veces no pasan. Encendió el auto y se fue…

No podíamos creer lo que nos acababa de pasar. Una cosa era estar ahí yo sola y ver como me las arreglaba, pero con mi mamá era otro rollo. Me acerqué a mi mamá y le dije: Tengo que confesarte algo. Mi mamá levantó los ojos preocupada y me dijo: – ¿Qué? – Yo tengo mala suerte en mis viajes, siempre me suceden cosas y siempre termino con alguna anécdota, mi vida parece una novela. ¡Lo siento mucho mamá! Me tapé la cara, ella se quedó en silencio.

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El calor empezaba a subir y no había absolutamente nada alrededor, ni un atisbo de que venía un bus. Habíamos perdido la esperanza cuando de pronto, un auto a lo lejos se empezaba a acercar, me paré y le pregunté a mi mamá, ¿tiro dedo, te animas? A lo que ella respondió con un simple gesto y levantando los hombros. El auto paró y en su interior una señora y su hijita pequeña en el asiento trasero nos abrían la puerta. Nos subimos rápidamente y en el camino todas estuvimos en silencio nadie hablaba el mismo idioma, solo le dimos el nombre del hotel y empezó a conducir y no paró hasta dejarnos en la misma puerta. Nos bajamos del auto agradeciendo en hebreo, inglés, español y francés (toda, thanks, gracias, merci). La señora y su hija se sonreían y nos desearon suerte.

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Ingresamos al hotel, sin poder creer la suerte que habíamos tenido. Llamé al tour operador y empezó a sacar cuerpo rápidamente y finalmente terminó insultándonos y rehusándose a devolvernos el dinero. Ya no podíamos hacer nada, tomamos una mala decisión pero estábamos sanas y salvas.

Nos cambiamos y salimos en busca del famoso Mar Muerto, después de tanta lucha, después de tantos problemas, tantos malos ratos, fue un alivio. Por fin el mar. La tranquilidad del agua, el color del cielo, la arena, el viento. Por fin el mar, ese lugar que todo lo cura.

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El Mar Muerto, es impresionante, en el que no te puedes ahogar porque aquí solo flotarás y flotarás. El agua se siente aceitosa, la piel se pone suavecita y es que las aguas de este mar tienen una salinidad que llega al 28% y además son terapéuticas por la gran cantidad de minerales que contienen. Todos los locales van periódicamente a hacerse tratamientos naturales. Una de las cosa que más utilizan es el lodo, el cual lo tienes que comprar antes, aplicarlo y esperar 15 minutos a que seque y luego a meterte al mar. Fue sin dudas, aparte de ser muy divertido, el mejor tratamiento y momento relajado que tuvimos juntas.

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Si me preguntan: ¿Dónde te gustaría vivir? Sin dudas, respondería: en la playa, al lado del mar, aunque sea el mar Muerto. El mar sea cual sea, es un lugar que todo lo cura.

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By Mary Salas, 14 Noviembre, 2016 <p>¡Hola! Soy Mary, la que viaja, toma las fotos y escribe este blog. Aquí relato mis experiencias personales, doy muchos tips para viajar barato y uno de mis objetivos es contagiarte las ganas de viajar.</p>
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2 Comments
  • Bel
    14 Noviembre, 2016

    Qué bonito post, Mary, gracias por compartirlo! Y yo también creo que el mar lo cura todo. Por cierto! El día que organizaste la reunión en el faro de Miraflores, la verdad que se me olvidó la fecha, pero por casualidades de la vida estuve caminando por el malecón cuando te vi con un grupo de chicas sentadas en el jardin cercano al faro…la verdad que tuve tantas ganas de unirme pero las vi tan entretenidas conversando y ya empezadas…que me ganó el roche de interrumpirlas jaja. un abrazo y mucha suerte!!!!

    • Mary Salas
      15 Noviembre, 2016

      Hola Lyndabelle! gracias por acompañarme en mi recorrido por Israel! Qué penita lo que me cuentas de lo del encuentro en el Faro, hubiese sido lindo conocerte, te hubieses unido sin problemas! espero que sea más adelante! un abrazo y mucha suerte

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¡Hola! Soy Mary, la chica detrás de este blog que comenzó en el 2013. Soy arquitecta de interiores, fotógrafa y escritora. ¡Bienvenido a mis viajes!
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