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in Francia

Mont Saint Michel – viajando en el tiempo

  • 15 Marzo, 2017
  • By Mary Salas
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Mont Saint Michel – viajando en el tiempo

– ¿Cuándo fue la última vez que viniste al Mont Saint Michel? – dijo A. sacándome de mis pensamientos y de la burbuja en la que estaba metida.

Mientras levantaba la vista hacia el techo como escarbando fechas y recuerdos en ese almacén llamado cerebro, le respondí – déjame ver, mmm, fue en el 2001. Eso quiere decir que hace 16 años. – Cuando ese número salió de mis labios no le presté mucha atención, hasta que Andrea, mi hermana, quien iba en el asiento trasero emitió un sonido “uuuh”. Volteé a verla, le sonreí y moví la cabeza como negando.

“Dieciséis años”, murmuré mientras me volvía a sumergir en mis pensamientos y giraba la vista hacía mi ventana. Frente a mi ojos pasaba la campiña francesa a toda velocidad.

“Toma la salida 401” la voz mecanizada de google maps nos iba indicando el camino. Atrás había quedado París y aunque mis migrañas seguían acompañándome, ellas habían hecho que vuelva a los viajes, me habían puesto de nuevo en ruta y esperaba que ese viaje me despeje y me quite esos agudos dolores que había estado sufriendo los últimos días.

El viaje siguió su cause normal, el auto empezó a ir más lento, yo me encontraba hipnotizada por el libro que estoy leyendo: “La distancia que nos separa” de Renato Cisneros, mi querido amigo y además cliente (porque fui su arquitecta de interiores en Lima), no presté mayor atención de por qué A. había bajado la velocidad.

– ¡Chicas, miren allá! dijo A. entusiasmado.

-Ay no, tengo sueño. ¿Qué pasa ahora? – respondió Andrea.

-Esperen que termino este párrafo – musité

Cuando levanté la vista me quedé en una pieza. Allá a lo lejos, como si fuese un espejismo, estaba el Mont Saint Michel. Si digo que algunos recuerdos vinieron a mi cabeza, mentiría, porque no fueron algunos, sino que fueron cientos, miles, de esa época en la que estuve caminando por ahí con la familia francesa que me acogió en el intercambio.

Llegamos en quince minutos hasta el estacionamiento, no recordaba absolutamente nada esa parte. Quizás no había prestado atención en esa época a esta zona o quizás habían cambiado todo el ingreso.

Yo quería ir a pie hasta llegar a la puerta del Mont Saint Michel. A pesar de que habían buses gratuitos, prefería ir viendo el paisaje, respirar el olor del mar e ir viendo esa increíble construcción volviéndose cada vez más grande conforme me iba acercando. Los convencí para ir andando y felizmente que aceptaron. El camino se pasó muy rápido porque íbamos conversando animadamente.

– Que pena que no haya agua, me parece que se ve más lindo con agua, así no vale- dijo Andrea decepcionada porque el Mont Saint Michel no se veía como en las fotos de internet.

– Me parece raro que no haya agua. Yo vine un Marzo, en esta misma fecha y estaba rodeado de agua. Igual les parecerá lindo porque hay una ciudadela ahí adentro – respondí animándolos.

– Yo leí que sólo había una abadía, ¿segura que hay una ciudad adentro o te estás confundiendo con San Gimignano? – dijo A.

En ese momento empecé a dudar de mi memoria que últimamente me falla más de lo que me gustaría. Así que solo atiné a cruzar los dedos y esperar que adentro esté la ciudad que veía en mis recuerdos.

Entramos por la inmensa puerta de piedra y sentí que viajaba en el tiempo, retrocedí 16 años. Me quedé admirando cada rincón. Adentro habían callecitas plagadas de locales comerciales, restaurantes, hoteles y viviendas. Andrea y A. no paraban de repetir “lindo, que lugar más bonito” “es increíble, genial”. La alegría los alentaba a seguir caminando a pesar de que no habían desayunado ni almorzado y ya eran las 5 de la tarde.

Sacaron una energía que no sé de donde salió y empezaron a querer recorrer todas las calles, a entrar a todas las tiendas, veían los menús saboreando mentalmente cada plato y se convencían que seguro más arriba habrían mejores precios, pero yo estaba segura que ellos subían las escaleras porque querían verlo todo y aunque tenían hambre preferían postergar su deseo de comer por su deseo de descubrir.

Andrea dijo en un tono seguro – “dudo que viva gente acá”.  – “¿Y esas casas, de quién crees que sean?”- le refutaba yo mientras seguía subiendo las escaleras. En ese momento, un señor salió de una de las casas, con las llaves en la mano y se fue caminando. Volteé y le dije: “¡ves!”. Su asombro era digno de captarlo con una cámara. Ella siempre se jacta de que nada la asombra y ahora estaba que no podía más con ese lugar que la había dejado encantada.

Entramos a la Abadía, recorrimos cada ambiente. Yo no paraba de disparar fotos, una tras otra, A. leía toda la historia del tríptico que nos dieron en el ingreso y Andrea miraba por todas las ventanas atenta si subía la marea.

Llegamos a la salida, era momento de volver, pero antes nos quedamos embelesados mirando desde lo alto todo a nuestro alrededor. La marea empezó a subir poco a poco y la arena movediza empezó a desaparecer y todo se cubrió de agua. Era simplemente un sueño, un sueño hecho realidad. Para ese momento, el dolor de cabeza se me había ido.

Decidimos dejar el Mont Saint Michel nuevamente a pie. Antes de irnos de este mágico lugar que disputan como suyo los de Normandía y los de Bretaña, nos introducimos a los campos, caminamos sobre la arena movediza y llegamos hasta el borde del agua para tomarle una foto a ese lugar que ahora sabía que no lo había soñado estos dieciséis años, sino que existía.

Guía del Viajero

Ubicación: Le Mont Saint Michel, Baja Normandía, Francia

¿Cómo llegar? 

Tienen varias posibilidades

En tren: Desde Paris Saint Lazare hasta Caen, después hasta la parada Pontorson St Michel. Desde ahi, un autobus te llevara en 10 min. El viaje dura de  3 a 4 horas.

Desde Paris Montparnasse, hasta Rennes (TGV), después hasta la parada Pontorson St Michel y luego autobús.

Costo aprox:  45 / 55 euros solo ida. Más info: www.voyages-sncf.com.

En auto: son 3 horas y media. El costo aprox 50 euros de gasolina y peajes. Si van en grupo comparten los gastos. Más info: www.viamichelin.com

Horarios:

Para llegar a la puerta del Mont Saint Michel hay buses gratuitos: todo el año de 08:00h a 01:00h (más info y horarios).

Aparcamiento: todo el año 24h. Costo 6 euros 2 horas, 12 euros 24 horas.

Ingreso a la Abadía: costo de 10 euros mayores de 25. Menores de 18 el ingreso es gratuito.

  • Cerrado: 1 enero, 1 mayo y 25 diciembre.
  • Abierto: del 2 mayo al 31 de agosto (9:00h a 19:00h). Del 1 de septiembre al 30 de abril (09:30h a 18:00h). Últimas admisiones 1 hora antes del cierre.

Webs oficiales:  Centro Información Turística

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By Mary Salas, 15 Marzo, 2017 ¡Hola! Soy Mary, la que viaja, toma las fotos y escribe este blog. Aquí relato mis experiencias personales, doy muchos tips para viajar barato y uno de mis objetivos es contagiarte las ganas de viajar.
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¡Hola! Soy Mary, la chica detrás de este blog que comenzó en el 2013. Soy arquitecta de interiores, fotógrafa y escritora. ¡Bienvenido a mis viajes!
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